El otro día Ella fue a dar un paseo y no volvió

(Foto de Eduard Gordeev)

El otro día Ella fue a dar un paseo y no volvió. 

Se puso la sonrisa más brillante jamás, deslumbrándome hasta a mí, borrando mi tormenta de un sopetón.

Llovía, insertó sus pies en las botas más impermeables que encontró por casa. No había lluvia ni granizo ni nieve que pudiera demorarla. 

Hacía frío fuera, así que se abrigó con un atuendo cálido y de vivos colores, una mancha arcoirís entre tantos grises ajenos. 

Una vez fuera, se sumergió en el viento infernal y las calles desiertas de alegría. Pero no le importaba, la luz la llevaba dentro de sí. 

La música de sus cascos la envolvía mientras marcaba el ritmo con sus pasos. Uno, dos, uno, dos.

Perdió la noción del tiempo, dejándose llevar por el instinto. Caminó durante horas y horas, su ruta sin marcar, un objetivo inexistente. 

Cuando se cansó, decidió volver a casa. Pero no llevaba llaves, y la puerta ya no era la misma. 

Timbró, pero ya no habitaban las mismas personas, y tampoco la aceptarían. 

Ella se apagó, se tornó azul y fría como el hielo, un dolor punzante en su interior que hasta ahora no sabía que podía experimentar. 

Ojalá la historia acabara como fuera de esperar. Una niña naïve vuelve a su casa y sigue dotando de felicidad a su pequeña burbuja. Pero sus amigas ya no la admitían en su casa.

Una Ella que sonría porque sí, causando el mismo efecto en los demás. Una Ella que está impermeabilizada contra todo pronóstico, contra cualquier pensamiento negativo o bache verbal que se interponga en su camino. 

Una Ella que sea valorada por su calidez, su facilidad de transmitirlo a los demás en forma de palabras y gestos con colores.

Pero la Sociedad, esa palabra que nos engloba a todos y todas y que, cada vez más provoca un sentimiento de incomodidad, no lo permite.

No permite en el interior de su casa a personas que se apoyan en sí mismas, quiere decrépitos dependientes, carentes de ideas aunque tengan mente.

No permite autoaceptación, pero acepta el criticar a vecinos y conocidos, y así éstos podrán crearse una falacia de autocomplacencia.

Pero, por encima de todo, no permite individualidad dentro de una colectividad. Busca, desea una misma identidad para todos. 

Misma moda, películas, comidas, influencias sutiles pero que se expanden no solo a un vecindario, sino a todos. 

No, Ella no volvió porque se negó a aceptar tal dolorosa situación.

Siguió dando luz en vecindarios más agradecidos, aunque también con muchísimo menos que perder, materialmente hablando.

Y es que a veces, menos es más. Lo material, innegablemente adictivo, provoca en nosotros una necesidad que, anteriormente no existía.

Qué pasaría si sintiéramos la necesidad de descubrir lo que pasa en la parte trasera y más oscura no ya de nosotros mismos, sino de la Sociedad?

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Author: sandradreon

No sé de estilos ni de formas correctas de redactar. No sé nada más que lo que siento, y eso es lo que escribo. Aah escribir, otra vía más de escape.

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